jueves, 25 de abril de 2013

Inauguran hoy liga norte: Roster Rojos de Caborca


Se reune Karina Garcìa con delegado de la SCT


Presenta situación de Caseta de Cobro en Trincheras y la Carretera a la “Y” Griega en Caborca
Hermosillo, Sonora a 24 de Abril de 2013.- La diputada local Karina García Gutiérrez, se reunió con el Delegado de la Secretaria de Caminos y Transportes, Javier Hernández Armenta con quien intercambió puntos de vista acerca de dos temas fundamentales en la región.
García Gutiérrez presentó una ficha técnica sobre el asunto de la Caseta de Cobro en el municipio de Trincheras y cuya rúa costea el tramo Altar-Santa Ana, la cual no tiene una ruta alterna en condiciones óptimas para su libre tránsito y es obligación del Gobierno del Estado de Sonora dar esta opción.
En el mismo tema el costo injusto y abusivo en el cobro que se hace en este punto y que debe ser analizado para no seguir lastimando la economía de la región.
De igual manera abordó el tema tan sentido de las condiciones de la carretera entre la Cabecera y el Poblado Plutarco Elías Calles (Antes la “Y” Griega) de la Costa del municipio de Caborca.
Condiciones que han provocado una infinidad de accidentes y muchos de ellos mortales. Esta región requiere de una inversión importante pues es una ruta que utilizan empresarios agrícolas y empresas mineras, por lo que el flujo vehicular es mucho y requiere de una infraestructura más completa y segura.
Por su parte el Delegado Hernández Armenta mostró total apertura a los temas y externó que pondrá toda la voluntad de atender los asuntos de la región y solicitó a la legisladora próximamente volverse a reunir para ver los avances del tema.

Festejará DIF a niños en su día



Con una función de circo, dos grandes fiestas y los eventos protocolarios de Instalación del Cabildo Infantil en Gobierno Municipal y el Sistema DIF agasajarán a los niños en su día.
En visita realizada por niños de educación preescolar del Colegio Muñoz a la oficina del Alcalde, el Presidente Municipal Francisco Jiménez Rodríguez convivió con los pequeñines, les explicó sobre su labor al frente del municipio respondiendo algunas interrogantes de los niños y los invitó a participar de los festejos organizados.
El viernes 26 de abril desde las 8:30 de la mañana estudiantes destacados de escuelas primarias se reunirán en las oficinas del Ayuntamiento con funcionarios y regidores para instalar el Cabildo Infantil, programa en que los niños serán Regidores o Funcionarios por un día conviviendo así con los funcionarios municipales y conociendo el funcionamiento de cada dependencia y las responsabilidades de sus titulares.
El domingo 28 de abril a partir de las 4:00 de la tarde el DIF organizará la fiesta principal en la Unidad Deportiva Eduardo Gómez, ubicada en la colonia Deportiva frente al Estadio Fidencio Hernández, donde habrá dulces, hot dogs, refrescos, regalos, rifas, payasos, concursos, muchas sorpresas y diversión garantizada para todos los niños que se presenten.
Al siguiente día, lunes 29 de abril, también a partir de las 4:00 de la tarde se realizará una fiesta similar en la cancha pública de la Comisaría Plutarco Elías Calles (La Y Griega) dedicada para los niños de esa y las demás comunidades del área rural del municipio por lo que la invitación es abierta a los papás para que llevan a sus niños al gran festejo.
Gracias a un acuerdo con los promotores del Circo Atayde que actualmente se encuentra instalado en el Bulevar Gómez Morín, donde fue el evento de Rodeo Internacional en las pasadas Fiestas del Seis de Abril, unos mil 200 niños y papás, que previamente recibieron boletos repartidos en escuelas y colonias de la periferia por personal de DIF, disfrutarán de forma gratuita de la función de las 6:00 de la tarde.

miércoles, 24 de abril de 2013

Partes de guerra


Es el Anfiteatro del Hospital Universitario. Afuera, decenas esperan saber si entre los caídos en la guerra entre cárteles está su familiar.
Adentro, un grupo de sujetos con uniformes blancos y tapabocas, algunos con iPod, labora de manera automática en aquel espacio con olor intenso a formol y carnicería que se cuela hasta el paladar, dejando un sabor amargo en la garganta.
“Nunca se te olvida tu primer muerto”, dice uno de tantos forenses en aquel sábado de sol. “Como que te persigue, lo piensas seguido”.
Como reportero, había visto gente sin vida, pero como voluntario de este servicio de la Procuraduría estatal, durante dos semanas, no me tocó sólo uno, sino 16 acribillados en el interior del Bar Sabino Gordo la noche del pasado viernes 8 de julio.
Para conocer desde adentro lo que viven, sienten y hasta sufren los trabajadores del Servicio Médico Forense solicité colaborar como voluntario en una de sus unidades, tras una capacitación, que incluyó el uso de guantes y tapabocas, el traslado de cuerpos y el comportamiento prudente en una escena del crimen. Todo movimiento debe ser autorizado por la Ministerial y Periciales.
El cuadro en el Semefo, tras la masacre en el Sabino Gordo, es avasallador: cuerpos sobre cuerpos en planchas metálicas, listos para la autopsia.
Pese a que están lavados, o quizá por eso, es imposible dejar de mirar en aquellos desnudos bañados por la luz eléctrica sus mejillas, brazos y pechos agujereados por las balas, así como sus pliegues de carne destruida.
Allá, lo inverosímil: la cabeza de un hombre abierta de par en par a causa de los disparos.
“Hay trabajo”, dice por decir algo un forense, Felipe, y un empleado del anfiteatro expresa un “mjm” aburrido.
Ya están acostumbrados. Las armas en la calle provocan esto y más. Ya escasean los servicios por heridos de bala en las estaciones de emergencias: muy pocos sobreviven.
Contemplo esta escena 15 ó 20 minutos y salgo dejando atrás a aquellos despedazados, algunos con los brazos casi levantados como implorando ayuda, junto a otros, víctimas posiblemente de muerte natural, como ancianos famélicos.
Me descubro triste. Para quien mira por vez primera un exterminio así, es difícil no sentir un ligero temblor en el cuerpo.
“Y no entramos al cuarto frío”, dice con ironía José Luis, otro forense. “Puro acartonado. Tres meses y a la fosa común. Es otro olor”.
Las tres unidades del Servicio Médico Forense que posee el Estado, a cargo de Cruz Verde, llegaron esa noche al Sabino Gordo. Luego de que las ambulancias trasladaron a los heridos, algunos de los cuales murieron en el camino al hospital, y de que periciales trabajaran en sus indagatorias, los forenses fueron autorizados a llevarse los cuerpos.
Se actuó con rapidez y de manera automática, como siempre, embolsando cadáveres bañados en sangre, casquillos, botellas quebradas, humo, penumbra. Pese a la fiesta interrumpida, siguió la música.
En Cruz Verde son cuatro forenses por turnos de 24 horas. Cuando pasa algo como lo del Sabino Gordo, los paramédicos deben abandonar sus ambulancias para acudir a la penosa tarea.
“Esto no es nada”, dice un forense. “Que te toque un putrefacto para que veas lo que es esto.
“A ésos te los avientas con mucho Vicks en la nariz, dos o tres tapabocas y guantes”.
El primer muerto de Felipe fue uno de ésos, con varios días sin vida y de 150 kilos de peso. Vomitó en el trayecto.
A José Luis le tocó un prensado, de los que no se ven mucho porque la gente ya no circula de noche por las balaceras.
Mientras recuerda sucesos, subí a la camioneta del Servicio Médico Forense dejando atrás a las víctimas de la peor masacre en la historia de Nuevo León y una de las más sangrientas en el País. Uno de los forenses se preguntó cuándo terminará esto. Nadie respondió.
Y sí: uno como rescatista no olvida a su primer muerto. Y más si son 16 al mismo tiempo.
***
La jornada inicia el sábado cuando el Ejército halló una fosa con restos humanos en Pesquería, en un paraje junto a tejabanes de la Colonia CROC de ese municipio.
Tras autorizarme la entrada como voluntario y ser capacitado, me incorporo a una unidad con Felipe y José Luis. Ataviados con el mono blanco de plástico, los pasajeros que miran desde otros vehículos no adivinarían que vamos escuchando música de los 70.
Aunque llevan poco juntos, la pasan bien. A sus 40 años, Felipe tiene hijos casados y nietos, y José Luis apenas va para los 25 años, tiene una niña que sabe que su papá llegará “cuando salga el sol al otro día” y dice que le gusta lo que hace aunque no están exentos de riesgos.
“A otros compañeros sí les han bajado cuerpos”, relatan. “A nosotros nomás nos han seguido camionetas”.
Llegamos. En sus vehículos los soldados esperan aburridos y acalorados en aquella brecha inhóspita y llena de zancudos. Una grúa soporta una camioneta blindada hallada en la zona.
“Echemos un vistazo”, dice Felipe al bajar de la camioneta.
Nos internamos en la fronda en la que nada había, salvo botes de líquidos y envoltorios de comestibles.
Los soldados hallaron trozos de huesos quemados. A lo lejos había tambos con restos de diesel; más allá, esposas.
El olor a combustible de los restos en la superficie aún se percibe. El delito parece muy reciente.
Ahí, de acuerdo a periciales, tres adultos fueron martirizados y acribillados. Luego, quemados.
El ambiente lucía con riesgo, pero unos a otros se dan ánimos.
“Lo que sí es que si nos caen los malitos… Pero aquí con los soldados estamos bien. Ellos nos han dicho que en caso de un ataque no nos pongamos a correr como locos, que nos quedemos con ellos”, comenta un forense.
Cuatro horas después trasladamos los restos. Al salir por la brecha, atrás del convoy militar, se escucha en la radio “Fortunate son”, de Creedence, como si a alguien le quedara duda de lo que reflejan estos días de combate.
Sí, a los forenses les dan asco y horror los saldos de esta guerra, pero se asumen fríos y sin duelo alguno al hacerlo. Es un trabajo.
“Imagínate si nos pusiéramos a lamentar cada cosa que vemos”, dice uno. “No acabaríamos, porque si bien un día tenemos uno o dos muertos, hay otros en los que no paramos: uno tras otro”.
Pese al luto permanente que uno esperaría hallar en estos forenses, las bromas y travesuras entre ellos son frecuentes.
Tienen miedo, pero no han llegado a sufrir pesadillas, aunque sí a soñar que llevan y traen cadáveres todo el tiempo. Despiertan agotados, añaden, valorando más la vida.
“Y a darle”, afirma el más joven al continuar su jornada de 24 horas consecutivas por 24 de descanso, con un sueldo poco mayor a los 6 mil pesos al mes, en tanto el otro dice que con su trabajo se le quitó lo miedoso.
“Nada te espanta si vienes de ver todos los días el infierno”, añade y comenta que los amigos suelen preguntarles si les tocó recoger a tal o cual sicario famoso.
Dejamos los huesos en el anfiteatro. El personal los recibe desencantado casi como necedades. En medio de lo que dejó la masacre del Sabino Gordo, más restos hallados en el campo parecen sólo más labor y tedio.
Tras contemplar los cuerpos destruidos de aquel bar, los forenses se reportan disponibles. “Que no hay jale”, expresa uno.
Veinte minutos después de estar en el anfiteatro, de dejar en un contenedor los trajes y guantes y de asearnos con algodones con alcohol que traen en el vehículo, los forenses y yo comemos pollo asado y papas fritas.
“Así es esto”, sonríe José Luis. “Ha pasado que nos cae un reporte de descuartizados cuando estamos comiendo y le apuramos mientras vamos en camino”.
Si una labor así no mata el hambre, nada lo hace en estos días de exterminio.
***
A diario les toca lidiar con la muerte.
Para ellos es común llegar a sitios en los que no hay autoridad y cuando, incluso, los delincuentes aún sostienen enfrentamientos a sangre y fuego.
Son los forenses y los paramédicos, hombres y mujeres, muchos voluntarios, cuya labor humanitaria ha cobrado un papel determinante en la guerra que el crimen organizado ha desatado en Nuevo León y que, hasta anoche, había dejado la cifra récord de 961 muertos en lo que va del año, muy por encima de los 610 crímenes de todo el 2010.
Durante dos semanas y tras una capacitación básica, en la que se acordó no intervenir en acciones vitales, un reportero de EL NORTE acompañó como voluntario durante jornadas completas a paramédicos de la Cruz Verde de Monterrey y a elementos del Servicio Médico Forense.
Con ellos atendió reportes a cualquier hora del día y la noche. Lo mismo acudió a choques y atropellos leves que a reportes de baleados, fosas clandestinas y tiroteos, un poco de lo que a diario viven estos rescatistas, héroes anónimos.
Se estima que, en lo que va del año, el Servicio Médico Forense, subrogado por la Procuraduría estatal a la Cruz Verde, ha realizado más de 2 mil 700 traslados en Nuevo León, cifra que incluye no sólo víctimas de la violencia, sino también ha muertos naturales, por enfermedad o accidentes.
A su vez, los paramédicos de la Cruz Verde han acudido, en el mismo lapso, a poco más de 10 mil 100 llamados de diversa índole.
Aunque ambas corporaciones atienden también casos que no están vinculados con el crimen, son las víctimas y los hechos de la delincuencia organizada los que más los marcan.
Les han bajado de manera forzada pacientes o cadáveres de sus vehículos, los han perseguido y hasta impedido brindar su servicio.
También se han visto perturbados ante el hallazgo de fosas comunes, descuartizados y decapitados, convirtiéndose en testigos de cómo ha escalado la manera en que se perpetran los crímenes.
Muestra de esto es la reciente masacre del 8 de julio, cuando un comando acribilló a 20 personas en el bar Sabino Gordo.
“Nunca había visto algo así aquí, (era) un pin… infierno”, citó un forense a su compañero, que trabajó bajo presión debido a que siempre que llegan a un lugar así hay la zozobra de que los asesinos regresen.
A ellos les tocó reunir a los muertos en los únicos tres vehículos del Servicio Médico Forense con los que cuenta el Estado, los cuales salieron custodiados por federales y soldados, como se ha vuelto una costumbre para evitar que algún comando intente rescatar los cuerpos.
Antes de esa noche, lo más cercano a esa masacre había sido el “miércoles negro”, como le llaman al pasado 15 de junio.
Ese día se alcanzaron 33 víctimas mortales en el área metropolitana, cifra superior a la de cualquier jornada hasta el momento en Ciudad Juárez, la ciudad más violenta del País.
Sólo a la unidad de un forense le tocó recoger a 10 cuerpos esa noche.
“Acabamos cansadísimos, todos perturbados”, cuenta.
“Imagínate que entras a la (Colonia) Moderna por dos y en una esquina te dicen que hay otro y, más allá, otros. No lo creíamos. Estuvo horrible”.
Ese día, la última de las víctimas, la 33, cuya muerte se dio a conocer después de la jornada sangrienta, fue ejecutada dentro de la ambulancia de una corporación de auxilio.
Ángel Flores, comandante de la Cruz Verde de Monterrey, señaló que la escalada de violencia en Nuevo León empezó a percibirse en la corporación hacia el 2007.
“Afortunadamente no hemos sido víctimas, porque nuestro trabajo es aparte, pero sí han cambiado nuestros hábitos porque los paramédicos llegan a los lugares cuando todavía se están dando balazos, por lo que la orden que se tiene es tomar distancia y aguardar para realizar el trabajo”, dijo.
Tanto paramédicos como forenses tienen jornadas de 24 horas de trabajo por 24 de descanso.
Son 65 paramédicos, de los cuales 19 son voluntarios, mientras que en el Servicio Médico Forense hay cuatro elementos por turno. Cada uno gana, en promedio, de 6 a 7 mil pesos mensuales.
La Cruz Verde cuenta con 10 ambulancias, en tanto que de forenses hay tres unidades.
Otra manera en que se percibe la mayor violencia y el impacto de las armas cada vez más poderosas que usan los delincuentes es que ahora los ataques dejan menos heridos y más muertos.
Sin embargo, afirman que no todos los días son iguales en cuanto a la cantidad de heridos y traslados.
“Antes había uno o dos baleados por mes, de pandilleros o asaltos con armas de postas o calibre .22″, dijo el comandante.
“Ahora, como puedes tener uno o dos baleados un día, en otro te tocan los 20 del Sabino Gordo… Nada se puede prever”.
Flores dijo que, aunque no se han dado deserciones en el personal de Cruz Verde, la situación sí ha afectado en el ánimo.
“Van con más tensión, definitivamente, porque les toca llegar en medio del peligro y ver cuerpos destrozados”, aseguró.
***
El último servicio de la jornada con los forenses llega a la medianoche. El reporte de un baleado en Avenida Nazas, al lado del Cerro de la Campana, nos hace despertar de la dormitada, ponernos los monos de plástico, guantes y boquillas, e ir a una de las zonas más violentas de la Ciudad.
Ministerial y Seguridad Pública ya tienen acordonado. A bordo del vehículo esperamos a que se recogieran evidencias, en tanto los oficiales se mantienen alertas con armas de alto poder.
En eso, un ministerial que tenemos enfrente le grita detenerse a alguien que viene detrás de la camioneta del Semefo.
“¡Párate, pen….! ¡Párate!”, aulló y junto a otros apuntan hacia esa dirección. Y hacia nosotros.
José Luis y yo nos inclinamos a toda velocidad hacia Felipe, el operador, sin saber quién o quiénes son los que vienen.
En realidad es uno que, con la nariz destrozada, viene huyendo de asaltantes. Los ministeriales lo interrogan y lo dejan ir.
“Vamos a bajarnos”, dice Felipe. “Péguense a la camioneta, no nos vayan a tirar desde el cerro”.
Sin dejar de mirar hacia las luces en lo alto de una loma y parapetados en la unidad contemplamos a los ministeriales que permanecen apuntando hacia lo alto de Río Nazas rumbo a Las Torres. Esperan el arribo de pistoleros. Llegaría la nada.
“De uno de estos cerros bajé a cuatro putrefactos”, cuenta José Luis. “Estaban en un tejabán. Los tabletearon hasta matarlos”.
Los oficiales empiezan a charlar y llega el Ejército a patrullar la zona. Alivio. Pero la expectativa se mantiene. Cuántas veces ha pasado que los comandos llegan y se llevan los cuerpos.
Cuando nos dejan pasar vemos un montón de casquillos en un depósito. Intuimos que ahí está el cuerpo.
En realidad está al fondo de uno de los penumbrosos callejones, en una de las casas a las que se puede llegar tras bajar una treintena de escalones desiguales de concreto. Hasta ahí llegó Alejandro Michel, de 17 años, aparentemente un inocente más.
Bajamos con la canastilla de plástico, quizá de 10 kilos. Al paso, curiosos, llantos sordos. Entre más descendemos más lejos queda el vehículo y la posible escapatoria en caso de una balacera.
Sin dejar de voltear, llegamos al sitio donde el joven murió: pesaba no menos de 100 kilos.
Tras embolsarlo y sujetarlo a la canastilla, subirlo nos lleva 10 largos y cansados minutos. Enseguida, salida rápida.
Al llegar al anfiteatro, los del Sabino Gordo ya han desaparecido. Sólo se encuentra, en un rincón, una anciana escuálida.
Comprometidos con su misión, los forenses levantarían en días posteriores a descuartizados, decapitados, putrefactos, acribillados. El martes fueron 19. Escándalo de cuerpos que quizá ni de tumbas gocen.
El miércoles, cuatro sujetos son abatidos por el Ejército en un parque de Colonial Cumbres. Allá vamos y aguardamos a que soldados, ministeriales y periciales revisen las pertenencias de esos jóvenes de ojos abiertos y vida cancelada: armas, chips de celulares. Nada. Ni carteras traen, fotos de mujeres, hijos, madres.
Ni un solo recuerdo digno.
La autoridad le toma fotos a los tatuajes: puras fantasías.
“¿Qué piensas al verlos?”, le pregunto a José Luis, quien aguarda pasmado a que terminen de examinar a los hombres ensangrentados y con agujeros.
“En quiénes serían, qué dejaron atrás”, dice el joven.
Salida rápida y con custodia hacia el anfiteatro, dado que hay la amenaza de que vengan por los cuerpos. En eso, a Felipe le cae una llamada: otro nuevo servicio, un baleado en Cadereyta.
“Vámonos”, dice el rescatista, convencido de la relevancia de su tarea, poco atractiva pero imprescindible.
Sería una noche larga, sin embargo: no era uno. Eran cinco.

martes, 23 de abril de 2013

La oportunidad de la crónica



Alberto Salcedo Ramos, ganador del premio Ortega y Gasset, explica su pasión por el periodismo y su deuda con la senda abierta por García Márquez

 Madrid 
  • El cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos, fotografiado en Madrid. / JAVIER GANDUL

    El Caracol era el hombre más feo del mundo y Alberto tenía nueve años. Mirando llegar a aquel hombre desdentado “de cabellos rústicos” traer quesos a la casa de su abuelo, aquel niño empezó a ser el escritor que es hoy y que ahora ha merecido el Premio Ortega y Gasset de Periodismo por contar la larga travesía de un chaval para ir a la escuela. Es Alberto Salcedo Ramos, tiene 50 años. Nació en Barranquilla, Colombia, donde se hizo Gabriel García Márquez. Ahora podría decirse, leyendo las crónicas de Salcedo, que esa no es una mera coincidencia.
    En la casa de los abuelos (los padres de Alberto se separaron cuando él tenía cuatro años) no había libros. Creció viendo telenovelas mexicanas y venezolanas, y oyendo hablar a la gente. “Vivíamos en El Arenal, que en realidad se llama San Estanislao, pero como no había pavimento sino arena así se llamó, El Arenal. Y allí todo se sabía hablando. Y la gente hablaba a gritos, es el Caribe. Yo crecí viendo rollos de alambres con púas, medicinas para curar el ganado. Con los años he descubierto que los primeros libros que leí nunca fueron escritos. Eran hechos por las voces de la gente del pueblo. Yo me inventé los primeros libros mirando hablar”.
    La radio servía “para oír imágenes; tenías que creerte lo que decían los que retransmitían el boxeo. No podíamos establecer una relación entre esa voz y lo que sucedía. Te tenías que creer la voz, era un auto de fe”. Pero servía para imaginar el mundo. “Yo siempre tuve mucha curiosidad. No había bibliotecas. Lo que pasa es que en mi tierra hay mucha gente que tiene talento narrativo. Es como una baratija que se malgasta en las esquinas. Había en la plaza un tipo que vendía dos horas de diálogo. Ibas, te hablaba desde un taburete, le pagabas. Pero para llegar a ser Gabo, que es tan inalcanzable, ya tienes que meterle unos libros al disco duro, te tienes que formar como lector”.
    En el mundo rural “todo estaba muy permeado por las narraciones de los espantos, los duendes, los fantasmas, la muerte… La muerte siempre ha sido un protagonista de nuestras historias. Hay una copla vallenata que también canta Serrat, El amor amor: ‘Este es el amor amor, el amor que me divierte, cuando estoy en la parranda no me acuerdo de la muerte…’. El folclor permite disimular la tristeza. Allí nos burlamos de la muerte porque le tenemos mucho miedo. Como en el Carnaval de Barranquilla”.
    La bisabuela materna le contaba muchas historias de Las mil y una noches. “Las descubrí luego; me contó una cantidad de mentiras…; tenía la memoria estropeada por los años, los relatos se le entrecruzaban. Su Aladino era muy particular”. Había periódicos: “Llegaba El Tiempo todos los días, a las cuatro de la tarde. El mundo era lento entonces. Las noticias venían a lomo de burros. El vallenato empezó porque la gente tenía que mandar a otros a que se supieran las noticias. Murió Fulanito, anda y cántalo si pasas por tal sitio… Así se daban las noticias, cantándolas”.

    Al calor de Gabo

    Alberto Salcedo Ramos enseña periodismo en la escuela de Gabriel García Márquez, en Cartagena de Indias, y nació en 1963 donde se hizo periodista Gabo, en Barranquilla.
    Sus libros son, entre otros, La eterna parranda,un compendio de algunas de sus mejores crónicas, y De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho. Su obra El oro y la oscuridades un gran reportaje sobre “la vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé”, el boxeador que en 1972 le dio un título mundial a Colombia.
    Cuenta el expresidente Betancur (y lo recoge Salcedo Ramos) que Gabo fue recibido en Madrid con esta exclamación: “¡Acaba de llegar el hombre más importante de Colombia!”. Moviendo la cabeza, el Nobel respondió: “¿Dónde está Pambelé?”
    Como García Márquez, se crió “oyendo cuentos”. Gabo dijo que “cuando un cuento es bueno tiene que parecer verdad y para que una crónica sea buena ha de parecer mentira”.
    Aprendió a leer con la madre: “Fue una persona dulce, no fue una madre pegadora. Pero enseñándome a leer a veces perdió la paciencia. Entonces se decía: ‘La letra con sangre entra’. Así no fue, pero perdía la paciencia”. En La eterna parranda (Aguilar) incluye Salcedo Ramos algunas de sus mejores crónicas, y una columna sobre su madre, Las verdades de mi madre. Su texto más emocionante, escrito tras la muerte de su madre, una mujer que no aceptaba mentiras. Un detalle. Alberto cumplía 10 años, estrena un pantalón blanco y va a la feria. Allí compra una empanada de huevo que le lleva a su madre… en el bolsillo del pantalón. Para ella era evidente el destrozo, en cuanto vio entrar al hijo por la puerta. “Enseguida corrió hacia mí con el rostro transfigurado por la furia. Era evidente que se aprestaba a troncharme la cabeza. En ese momento me saqué el paquete del bolsillo y le dije: ‘Mira lo que te compré, mami’. Su semblante pasó sin ninguna transición de la rabia al regocijo”.
    Los primeros libros los leyó en el colegio. Y a los 12 años se atrevió conCien años de soledad de Gabriel García Márquez. “No la entendí. Me extravié en esa fronda de nombres repetidos, y la dejé. La agarré a los 20 años y sentí la adicción más grande que me ha generado una prosa a lo largo de mi vida. Gabo es adictivo. Y peligroso”.
    -—¿Le ha afectado?
    -—No, pero sí conozco a algunos que se descalabraron, hubo muertos y heridos, y contusos, porque sucumben a ese embrujo de Gabo y luego no saben cómo digerirlo.
    La prosa de Gabo “es encoñadora, produce encoñamiento; me deslumbró totalmente. La más bella novela es El amor en los tiempos delcólera; desde ahí el Gabo es absolutamente virtuoso en la escritura, muy lúdico, muy juguetón. Se permite hazañas con el idioma y es tan consciente de ello que parece que se burla de nosotros”.
    Ese es el referente del periodismo, “porque él nos ha ayudado a vender la idea de que la crónica es una forma de periodismo tan válida como la literatura. La crónica ha estado estigmatizada como si la ficción fuera mejor. Algunos me dicen: ¿y cuándo vas a dar el salto a la literatura? ¡Confunden la técnica narrativa de la crónica con la técnica de la ficción! Daniel Samper Ospina define la crónica como un cuento con datos reales. Así es”.
    Los datos y los detalles. “Flaubert decía que la verdad está en los pequeños detalles. Hice un libro sobre Kid Pambelé, el boxeador que enseñó a ganar a Colombia, campeón del mundo. Creí la leyenda que había visto, hasta que, pasado el tiempo, y siendo ya Pambelé un desastre derrumbado por las drogas, lo conocí de cerca; era un hombre bipolar, tenía perdidos los límites entre el presente y el pasado. Todavía se cree campeón mundial. Si hubiera contado lo que sabía de él hubiera escrito línea y media, pero lo seguí durante ocho meses. Un día, después de todo ese tiempo, iba con él en taxi, por Bogotá. A él lo hartó un atasco de tráfico, se enrabietó, dejó el coche y se puso a andar, solo. Cuando lo alcancé ya no tenía la cara de furia; había sido reconocido, todos los aclamaban, le gritaban champion, le hacían la uve de la victoria… Caminaba como si estuviera en una pasarela. Un vendedor callejero le regaló un sombrero mexicano de charro. Pero no se lo puso. ‘¡Es que si me lo pongo no me van a conocer!”.
    Las otras lecturas han sido Rulfo (“tan ducho, tan zorro, hace que no se vea el oficio”), Hemingway (“arrogante como persona, humilde ante su historia”), Albert Camus, Borges, Talese, Mailer, Capote (“me gustaba su maldad, es maldadoso, es un tiburón que quiere sangre”).
    -—¿Y usted es maldadoso?
    -—Yo soy menos maldadoso que Capote, más considerado. Más sudamericano, más romántico. Más cursi también…
    ¿Y de dónde viene todo, cómo se hizo cronista? “Mira, yo escribo desde los nueve años, y pasó algo que nunca he contado. Veía muchas telenovelas. En la casa de mis abuelos vivía una mujer de más de 30 años, madre de cinco hijos, soltera y abandonada. Y todos los días llegaba a esa casa rural un ordeñador que traía quesos y se devolvía para la finca. Era el hombre más feo que he visto en mi vida. Le faltaban los dientes, tenía los cabellos rústicos, no hablaba. Le decían El Caracol. Pensé que aquella mujer y este hombre deberían ser novios. Y todos los días yo escribía una carta que pareciera de él y la ponía en algún rincón de la cocina para que ella la encontrara. Todavía viven juntos. Cuando uno hace un truco como ese a los nueve años y le funciona ya queda encadenado de por vida a la escritura”.
    Esa cadena es la que le ha llevado a Alberto Salcedo Ramos ser el cronista que ahora ha sido elegido Premio Ortega y Gasset de Periodismo.

    Cae una red de poetas que escondían droga entre líneas


    Cae una red de poetas que escondían droga entre líneas
+El “pálido polvo del deseo” impregnaba varios pasajes+

Agentes de la Policía Nacional han intervenido un kilo y medio de cocaína que un grupo de poetas narcotraficantes pretendía introducir en España, a través del aeropuerto de Sevilla, oculta en el subtexto de varios libros de poesía amorosa. 

Los intelectuales conseguían la droga a través de sus contactos en Ecuador y luego, en París, la refinaban con pulida retórica y la introducían delicadamente entre líneas, camuflándola muy sutilmente detrás de metáforas rimbombantes. 

Ya en España, la cocaína se distribuía en librerías de viejo cocainómano e incluso en recitales-tapadera improvisados para tal efecto. 

Las investigaciones, realizadas por especialistas en la lucha contra el tráfico de drogas de Sevilla y Málaga, se centraron en decenas de versos sospechosos que hablaban del “río de nieve que recorre las oscuras fosas del deseo” o directamente del “pálido polvo que tiñe de placer tus sedientas arterias palpitantes”. 

Estos pasajes se recubrían de otros muchos versos floridos escritos para despistar, de modo que solo un lector que sabía lo que estaba buscando podía detectar la droga. 

“Eran profesionales de la palabra”, admite uno de los agentes de la Unidad de Análisis del Subtexto de la Policía Nacional, que tardó varios meses en demostrar que el gran poema épico “La raya que no cesa” utilizaba un supuesto homenaje a Miguel Hernández como excusa para el tráfico de estupefacientes.

“Los poemas eran bastante toscos pero la cocaína era de alta calidad”, admiten fuentes de la Policía Nacional. 

Los detenidos, cuatro licenciados en Filología por la Universidad de París Dauphine, se han declarado “descompuestos por el estallido de injusticia que corroe nuestras entrañas como una bestia rabiosa de venganza”.

    elmundotoday.com
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    +El “pálido polvo del deseo” impregnaba varios pasajes+

    Agentes de la Policía Nacional han intervenido un kilo y medio de cocaína que un grupo de poetas narcotraficantes pretendía introducir en España, a través del aeropuerto de Sevilla, oculta en el subtexto de varios libros de poesía amorosa.

    Los intelectuales conseguían la droga a través de sus contactos en Ecuador y luego, en París, la refinaban con pulida retórica y la introducían delicadamente entre líneas, camuflándola muy sutilmente detrás de metáforas rimbombantes.

    Ya en España, la cocaína se distribuía en librerías de viejo cocainómano e incluso en recitales-tapadera improvisados para tal efecto.

    Las investigaciones, realizadas por especialistas en la lucha contra el tráfico de drogas de Sevilla y Málaga, se centraron en decenas de versos sospechosos que hablaban del “río de nieve que recorre las oscuras fosas del deseo” o directamente del “pálido polvo que tiñe de placer tus sedientas arterias palpitantes”.

    Estos pasajes se recubrían de otros muchos versos floridos escritos para despistar, de modo que solo un lector que sabía lo que estaba buscando podía detectar la droga.

    “Eran profesionales de la palabra”, admite uno de los agentes de la Unidad de Análisis del Subtexto de la Policía Nacional, que tardó varios meses en demostrar que el gran poema épico “La raya que no cesa” utilizaba un supuesto homenaje a Miguel Hernández como excusa para el tráfico de estupefacientes.

    “Los poemas eran bastante toscos pero la cocaína era de alta calidad”, admiten fuentes de la Policía Nacional.

    Los detenidos, cuatro licenciados en Filología por la Universidad de París Dauphine, se han declarado “descompuestos por el estallido de injusticia que corroe nuestras entrañas como una bestia rabiosa de venganza”.

    Congreso de Sonora: tierra de nadie

      
     
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    Arturo Soto Munguia / 2013-04-22
    La agenda política en Sonora estará ocupada este martes, de nueva cuenta, por lo que ocurra en la sede del Poder Legislativo, donde habrá de registrarse otro intento por inaugurar el periodo ordinario de sesiones que debió comenzar desde el pasado 2 de abril.

    La particularidad de hoy, es que el Congreso es presidido por el panista José Serrato Castell, quien acompañado de tres de sus correligionarios clausuraron la sesión del pasado jueves, en un hecho insólito. Después de decretar un receso ‘de cinco minutos’, la bancada blanquiazul abandonó el Salón de Plenos y ya no regresaron.

    Sólo volvieron algunos integrantes de la Mesa Directiva, constataron la ausencia de quórum y clausuraron la sesión. Eso generó una nueva escalada en el debate sobre lo que está ocurriendo en la actual legislatura, que no sesiona desde el pasado 13 de diciembre.

    Lo que trascendió desde la semana pasada es que el receso solicitado por el PAN obedeció a las dudas en esa bancada, sobre el resultado de la votación del dictamen que deroga la llamada ‘tenencia disfrazada’, pues se dice que los panistas han perdido la mayoría que en diciembre pasado aprobó el paquete fiscal, que incluye el cobro de la Contribución Municipal (COMUN), un tema que ha provocado la protesta ciudadana en jornadas de movilización que no han estado exentas de amenazas de represión y francas agresiones violentas a los manifestantes.

    Hasta ayer lunes, algunos diputados no albergaban esperanzas de que hoy se avanzara en la agenda legislativa, pues la falta de acuerdos sigue siendo la constante.

    Durante tres meses, a partir de diciembre pasado, la alianza PRI-PVEM estuvo insistiendo en convocar a una sesión extraordinaria para discutir y votar el dictamen que deroga el COMUN. Los panistas se negaban argumentando que no había una obligación legal para ello. Insistían también en que no tenía sentido sesionar para votar un dictamen, a sabiendas que el resultado de la votación sería el mismo que el del 13 de diciembre: es decir, 17 votos contra 15.

    El dictamen, pues, no pasaría. Sin embargo ocurrieron muchas cosas en esos tres meses, incluyendo la movilización ciudadana en varios municipios de Sonora, pero señaladamente en Hermosillo, donde el Movimiento No Más Impuestos se posicionó nacional e internacionalmente a partir de su presencia durante la Serie del Caribe, cuando impidieron que el gobernador asistiera a un solo partido de ese encuentro beisbolero con el que se estrenó el Estadio Sonora.

    En un par de ocasiones los ‘malnacidos’ rodearon la casa de Gobierno en la colonia Pitic; varias veces estuvieron a punto de enfrentarse con policías antimotines y en una ocasión fueron agredidos físicamente por vándalos encapuchados.

    El gobierno del estado no dio un paso atrás. Ellos tampoco. Así pasó el tiempo hasta llegar a lo que hoy tenemos: la confirmación, en voz del dirigente estatal del PRD, de que la diputada perredista Hilda Alcira Chang ha cambiado el sentido de su voto y está dispuesta a apoyar la derogación de la tenencia disfrazada.

    Eso ha causado mucho ‘ruido’ en la bancada del PAN y en los círculos gubernamentales, pues con un voto más a favor del dictamen que deroga el COMUN, ese impuesto desaparece y abre una nueva zona de conflicto.

    Suponiendo que el impuesto sea derogado, el gobernador Guillermo Padrés tiene aún el recurso de usar su derecho de veto. Pero eso focalizaría la protesta hacia su persona.

    Y hay que decirlo, la imagen del gobernador de Sonora no pasa por su mejor momento. Antes bien, podría decirse que se encuentra en los niveles más bajos de popularidad que haya tenido gobernador alguno.

    Datos hechos llegar a esta columna indican que en los últimos meses, el PAN en Sonora ha perdido alrededor de 20 puntos en las preferencias de los ciudadanos, lo cual pinta un escenario cercano a la catástrofe.

    Pero si el PAN ha perdido 20 puntos, el gobernador ha perdido 27, lo cual ha encendido todos los focos rojos en el tablero blanquiazul y según fuentes cercanas al primer círculo panista, eso ya provocó un encuentro privado entre Guillermo Padrés y Juan Valencia, el dirigente estatal del PAN, en el que éste le habría reclamado fuerte al mandatario, no como tal, sino como el amigo que es.

    Según esta versión, Valencia Durazo habría sugerido al gobernador el cese de varios funcionarios del gabinete y un viraje en sus políticas de comunicación y operación política. El gobernador no solamente no le hizo caso, sino que después de ese encuentro lo que se registró fue una descarga de ‘fuego amigo’ sobre el dirigente del partido oficial.

    Es difícil aventurar siquiera lo que ocurrirá este día en el Congreso, toda vez que la experiencia reciente indica que el escenario más impredecible, puede presentarse.

    Por lo pronto, el coordinador de la bancada tricolor, Samuel Moreno Terán sostuvo ayer que lo procedente es reanudar la sesión del jueves, ya que el receso aún no termina y los diputados no han sido convocados a ello.

    El Legislador explicó que al decretarse un receso por tiempo indeterminado, como sucedió en la sesión que se llevaba a cabo el pasado jueves 18, debe mantenerse en los mismos términos en que fue aprobada por el Pleno para que después del aviso formal que se haga a los diputados, se proceda a desahogar los puntos del orden del día autorizado.

    “Es imposible clausurar una sesión sin contar con el quórum reglamentario que exige la Constitución sonorense y la Ley Orgánica del Poder Legislativo. Lo correcto era dar aviso de la reanudación de la sesión para poder siquiera formalizar la clausura, cosa que no pasó, de hecho sólo cuatro diputados estaban presentes”, refirió Moreno Terán.


    Cambalache de libros

    Este martes 23 de abril a partir de las 6 de la tarde se llevará a cabo un evento no tan histórico cuanto inédito, de esos que deberían quedarse para siempre y multiplicarse a lo largo del año.

    La Asociación Civil Escritores de Sonora, en coordinación con el Instituto Municipal de Cultura, Arte y Turismo llevarán al cabo un singular encuentro al que convocan a todos los amantes de los libros, para que acudan y participen del intercambio de ejemplares; el ejercicio seguramente resultará interesante y todos podemos llevarnos gratas sorpresas.

    Lo anterior es una bonita manera de celebrar el Día Mundial del Libro y tendrá lugar en el Callejón Velazco, justo entre los palacios de Gobierno, en el centro histórico de Hermosillo. Lleven sus ejemplares para intercambio y veamos qué sorpresas nos tiene preparadas este encuentro.